Picazo House
- OBRA TERMINADA
- 2016
- 400M2
- YACHT NORDELTA, BA - ARG
Memoria descriptiva
Ubicada en el barrio náutico El Yacht, en Nordelta, esta vivienda se implanta en un lote privilegiado cuya condición principal es la apertura visual hacia el río Luján y hacia una extensa reserva de humedales nativos que conforman el paisaje del contrafrente. Ante este escenario natural, el proyecto se concibe como una arquitectura introspectiva hacia la calle y profundamente abierta hacia el jardín y el horizonte fluvial.
La casa nace del primer encuentro con sus propietarios. De esa conversación inicial emergió con claridad un deseo preciso: una arquitectura esencial. Un volumen de hormigón visto, aparentemente simple, capaz de contener en su interior una complejidad espacial y lumínica que acompañara la vida cotidiana de la familia y, al mismo tiempo, funcionara como contenedor de su colección de obras de arte.
El proyecto se materializa como un gran cubo monolítico de hormigón. Una pieza aparentemente hermética hacia el frente urbano, donde la masa protege la intimidad doméstica. Hacia el contrafrente, en cambio, el volumen se abre generosamente al jardín, al río y a la profundidad del paisaje, permitiendo que la vida de la casa se proyecte hacia ese horizonte natural.
La morfología del cubo —simple en su lectura y compleja en su construcción— se trabaja a partir de una operación fundamental: la sustracción.
Rasgaduras verticales y horizontales recortan los muros y el techo, permitiendo el ingreso controlado de la luz natural y generando atmósferas inesperadas dentro del volumen monolítico. En los espacios más íntimos, como el baño principal, el jacuzzi y el vestidor, estas aperturas permiten incluso contemplar el cielo nocturno, incorporando la presencia de las estrellas como parte de la experiencia cotidiana del habitar.
Incluso el acceso principal surge de esta misma lógica proyectual. Una raja vertical irrumpe en el volumen de hormigón y define el ingreso a la vivienda mediante una puerta matriz de madera en doble altura. Esta incisión en la masa revela el espesor del volumen y construye un umbral donde la solidez del hormigón se contrapone con la calidez de la madera.
En el área social, una sustracción horizontal perfora el volumen en el espacio del living y comedor. La escala de esta abertura responde directamente a la forma en que el espacio es habitado: desde posiciones sentadas, propias del descanso o del encuentro alrededor de la mesa. Desde allí, el paisaje se introduce visualmente en la casa, permitiendo que el exterior se infiltre en la vida interior.
Este mismo recurso de sustracción, trabajado en una escala más peatonal, se utiliza también para generar una perforación en el volumen que resuelve el acceso de servicio, reforzando la idea de que cada operación sobre el cubo responde a una lógica espacial precisa.
La luz se convierte así en un material más de la arquitectura. Perforaciones controladas, planos verticales iluminados y grandes superficies vidriadas construyen una secuencia espacial donde el hormigón adquiere profundidad, matices y vibración.
La casa se construye con materiales nobles y esenciales: hormigón, madera y vidrio. El hormigón define la presencia monolítica y estructural de la arquitectura; la madera introduce calidez y tactilidad; el vidrio permite disolver los límites entre interior y exterior.
Sin embargo, a pesar de su apariencia maciza, el proyecto busca también desmaterializar el volumen. Mediante una iluminación perimetral cuidadosamente integrada en el contacto con el terreno, el cubo se despega visualmente del suelo generando la sensación de un volumen suspendido. Durante la noche, la casa aparece como una pieza flotante: un bloque de hormigón que levita levemente sobre el paisaje. Cada elemento de la casa fue concebido como una pieza singular dentro de una composición mayor. La escalera central, iluminada cenitalmente, se desarrolla como una composición escultórica construida in situ en conjunto con su baranda; las aberturas funcionan como encuadres precisos del paisaje o de la vida interior.
La vivienda incorpora además una quinta fachada activa: la terraza. Allí, el remate del núcleo vertical se transforma en un mirador abierto hacia la bahía, evocando simbólicamente el carajo de una embarcación a vela, en referencia a la relación del propietario con el mundo de la navegación y a la propia condición náutica del lugar.
En una de las aristas del volumen, una pieza vidriada se desprende del rigor del hormigón como una incrustación ligera. Este espacio, destinado al estudio de una de las hijas —escritora—, se proyecta hacia el paisaje como un pequeño observatorio doméstico desde donde contemplar el exterior y permitir que la inspiración encuentre su lugar, que las palabras encuentren su forma.
La vivienda se construye así como una arquitectura de contrastes: masa y transparencia, introspección y apertura, rigor material y sensibilidad doméstica. Un contenedor de vida, arte y paisaje donde el hormigón, lejos de ser un material frío, se convierte en soporte de luz, memoria y habitar.
Como lo expresa la propia propietaria: “Elegimos el lote por el humedal, el río y el bosque de su alrededor, por lo que diseñar y construir la casa se nos transformó en la necesidad de que todo este entorno natural entrara, se infiltrara, de lleno en el interior. De muchas maneras simples y complejas, lo lograron totalmente.”
— Silvia Soto
Ambientalista y animalista.


