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CRYSTAL HOUSE

270 m2

Santa Ana

2008

“De un trazo nace la arquitectura”. Así como reflexionó alguna vez Oscar Niemeyer, ese trazo como disparador de una idea organizativa, decidió ser inmortalizado, materializándose en la cinta blanca que aloja la función de una vivienda. El contexto en el que se encuentra inmersa la obra arquitectónica, representa un ámbito natural privilegiado, un abundante espacio verde. Con un lenguaje austero, y despojada de todo ornamento, la casa de cristal se implanta en el terreno de tal forma que el provecho de dicho contexto, sea el máximo. El espacio interior se construye a partir de un núcleo de servicios, el cual incluye los programas “rígidos”, liberando de esta manera el perímetro, potenciando las relaciones con el espacio exterior  y respetando las visuales. Esta franja de programas ubica a la circulación vertical, que se presenta como un plano contundente que cose el nivel público inferior con el nivel privado superior. El paquete de servicios mencionado divide, a su vez, la casa en dos sectores lineales bien definidos: hacia el Sudeste, se organiza una banda de circulación y servicio, y el Noroeste, alberga aquellas funciones de estar, sin perder en ningún momento la continuidad espacial característica, que otorga fluidez y dinamismo. La estructura se desarrolla a través de columnas de hormigón que dan sustento a la cinta, definiendo una piel estructural, diferenciada de la piel de vidrio que se erige como cerramiento perimetral. Las fachadas de la vivienda están constituidas por la vida misma, es decir que las mismas funciones y necesidades son reflejo de la propia arquitectura.

Las líneas puras permiten una lectura limpia de las ideas principales de minimalismo, en cada uno de los detalles, resultando un diseño pensado funcionalmente para el pleno goce del espacio verde y de la inigualable luz solar, construyendo espacios amplios distinguidos por el toque de vanguardia que los caracteriza. Así como bien lo dijo Le Corbusier, “La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de felicidad”, pues el objetivo se materializó en aquel estuche de cristal en el que sucede la vida.